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En el año de 1992 en los Estados Unidos, William Clinton polarizó a la sociedad norteamericana poniendo en el centro del debate electoral la mala situación por la que atravesaba la economía de aquel país, por lo que diseñó el tema principal de su campaña, que repitió hasta el cansancio, la frase “¡Es la economía, estúpido!”, logrando destruir los argumentos militares triunfalistas por la guerra del Golfo del entonces presidente Bush padre, provocando la derrota republicana con el triunfo de los demócratas encabezados por Clinton. Pareciera que en nuestro país, para las próximas elecciones del 5 de julio, algunos quieren poner en la mesa del debate electoral frases como: ¡Es la seguridad, estúpido!, ¡Es la corrupción, estúpido!, ¡Es el empleo, estúpido!, ¡Es el narcotráfico, estúpido! Y, sobre todo, la ya clásica ¡Es la economía, estúpido! Lamentablemente parecieran frases huecas, ya que lo que queremos son resultados, por ello, el gran ganador de las próximas elecciones; puede ser el abstencionismo; hoy se percibe, desafortunadamente, la apatía e indiferencia de los ciudadanos hacia las elecciones; pareciera ser que la gente se ha decepcionado de la política y de muchos políticos por sus excesos al utilizar de manera inadecuada la llamada mercadotecnia política. Todo esto ha provocado, según la mayoría de las investigaciones de opinión pública realizadas, que en este momento al menos el 50% de los ciudadanos no tengan definido si va a votar el próximo 5 de julio.
Por los excesos de algunos políticos, candidatos, consultores y asesores en mercadotecnia política, han provocado que se retome la reflexión sobre el tema de la deontología política (el deber ser y la ética), la congruencia con lo que se piensa, se dice y se hace. Lamentablemente en muchas de las campañas electorales los ciudadanos vemos cómo se repite el incumplimiento de las promesas, la búsqueda del poder a toda costa, la mentira como lenguaje cotidiano, el engaño y la manipulación como herramientas de trabajo ya que, para muchos, el marketing político es la técnica o el arte de mentir.
La mercadotecnia es y debe ser el medio para obtener un fin, el uso que se haga de ella depende y es responsabilidad de quien la emplea; haciendo una analogía, es como afirmar que un cuchillo es bueno o malo, puede ser cualquiera, son instrumentos que sirven para lograr algo, pero depende de cómo y para qué se usa. |
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Los excesos de la mercadotecnia comenzaron cuando la utilizaron para la política y algunos consultores la utilizan para vender, como si fueran papitas, a los candidatos o Partidos Políticos bajo cualquier tipo de argumentos. Es un hecho que la política requiere de una profundidad que la mercadotecnia per se no puede dar; la política debe contener un alto grado de compromiso con el ciudadano que permita mantener la gobernabilidad y propiciar el bienestar social; de no ser así, toda estrategia basada en pura mercadotecnia es frivolidad e irresponsabilidad política.
Cada elección es diferente, ninguna campaña es igual. También cada candidato es diferente y ninguna estrategia debe ser igual; quien quiera postularse debe: militar en un partido, ser conocido y reconocido, ganarse la confianza, integrarse en actividades sociales, contar con capital económico y político, construir una imagen positiva basada en la congruencia de pensamiento, palabra y obra, conocer y entender los factores y fuentes de poder, tener un mensaje concreto y atractivo (que llegue a la gente), redes y alianzas estratégicas, saber convencer y persuadir (sin mentir), demostrar experiencia, carisma, capacidad, conocer y saber presentarse y acercarse a los medios de comunicación, ser competitivo. En otras palabras, son muchas variables las que determinan si un candidato es bueno o malo.
Esta elección, como todas, será diferente; pero la diferencia debe ser de fondo, que no lo sea tan solo en la envoltura en la que nos presentan a los candidatos, si no que tengan propuestas con contenido, sean congruentes y tengan la capacidad no sólo de ser buenos candidatos si no, en el caso de ganar, buenos representantes.
Candidatos, ¡Échenle ganas!, porque los vamos a estar siguiendo y evaluando de cerca. Si quieren nuestro voto, demuestren que se lo merecen. No contraten a un consultor en mercadotecnia política que los haga prometer lo que no cumplirán; a decir lo que no piensan, a vestirse y peinarse como nunca lo han hecho, en síntesis, a dejar de ser ustedes mismos porque al final los electores, aunque muchos no lo crean, detectamos la falsedad y el engaño y no por intentar ganar una elección pierdan el honor, la palabra, el prestigio y la oportunidad de ver de frente a cualquiera hoy y siempre.
Finalmente, los ciudadanos tendremos los representantes que nos merecemos ¿Ya sabe usted quiénes son los candidatos a diputados federales por su distrito? y ¿Cuál es su trayectoria y propuesta? |